~ EL PROBLEMA DE MI
QUERIDA TIERRA VASCA ~
ERNEST LLUCH
Catedrático de la Universidad de Barcelona
EL CORREO, 19/09/2000
El autor cree fundado que la primera víctima mortal de ETA fue una niña de
menos de dos años que murió, en 1960, en San Sebastián, abrasada por una bomba.
Un hecho brutal que contrapone al intento de dar «un significado político, una
liturgia y una épica trascendentes» a esta primera acción. «Indigno inicio en
el pecado original de ETA»
La primera acción de ETA con resultado de muerte ha sido siempre
considerada como significativa puesto que se ha intentado que posea un
significado político, una liturgia y una épica trascendentes. Si preguntamos
sobre cuál fue la primera, unos nos contestarán que el disparo de Txabi
Etxebarrieta, a quien conocí como un activo estudiante de Económicas, contra el
guardia civil Pardines, lo que sucedió el 7 de junio de 1968. Una muerte que
fue correspondida con la de su protagonista. Otros afirmarán que fue el
asesinato del policía político Melitón Manzanas, de una casta que me vi forzado
a conocer, por los mismos meses. Ambos casos pueden tener cierto significado,
liturgia o épica para quien no tenga las ideas claras de que cualquier muerte
es condenable.
Sin embargo, la primera muerte real no tuvo ningún «heroísmo». Concretarlo
y demostrarlo sacará épica a los que defienden actualmente a la organización
violenta y dejará responsabilidades a quienes en los años sesenta y setenta
pertenecieron a ella y ahora dan lecciones al mismo tiempo que dan la impresión
de que 'pasaban por ahí' y que lo peor aconteció, precisamente, al día
siguiente de que se dieran de baja.
Cierto es que desde el mismo momento inicial, el día de San Ignacio de
1959, todos los estudiosos indican que la sexta rama de ETA tenía como
responsabilidad emprender 'acciones militares'. Uno de ellos, Francisco
Letamendia, añade «aunque su actividad en los primeros años es bastante parca».
Ser parca no es ser nula por lo que deja el rastro de que algo pasó
inmediatamente. El texto anónimo 'De Santoña, 1937, a Burgos, 1970', que se
considera autoridad sobre la primera etapa violenta de ETA, no da prácticamente
pista alguna aunque afirma que desde el mismo 1960, retengan la fecha,
«miembros destacados de la primera ETA pasaron a residir permanentemente en
Euskadi Norte». 1961 con un descarrilamiento de ferrocarril, anótese el medio
de transporte, es la fecha que se hace explícita del inicio de acciones
violentas.
Distintas publicaciones indican vagamente que la primera acción violenta
fue ya en 1960 con resultado de muerte, según me confirma Gurutz Jáuregui. Sin
embargo, hasta 1992 no hay quien dando pelos y bastantes señales haya precisado
que el primer muerto por ETA pudo ser en 1960. Me refiero al severo estudio
introductorio a 'La ética para la paz. Los obispos del País Vasco 1968-1992'
realizado por el vicario general, antes y ahora, de la Diócesis de San
Sebastián. En la página 20 de las 352 de la introducción expresa con bastante
claridad lo que hasta el momento se había escrito en términos muy imprecisos:
«en realidad, parece ser que la primera víctima de una acción terrorista de ETA
fue la niña de 22 meses Begoña Urroz Ibarrola, muerta el día 27 de junio de
1960, al hacer explosión un artefacto colocado en la estación de Amara (San
Sebastián)». Empecemos a comprobar lo que escribió el mosén.
El 'Diario Vasco' del 28 de junio indica que a las 19:10 horas del día
anterior explotó una bomba que afectó a María Begoña Urrosi (sic) Ibarrola, de
18 meses, que vivía en la calle (la omito) de Lasarte, causándole «quemaduras
en ambas piernas y brazos, heridas contusas en pierna y pie izquierdos y
quemaduras en la cara», ingresando en estado grave en la clínica Perpetuo
Socorro. Al día siguiente informa de su muerte a primeras horas de la noche
anterior, cuando ya había sido, ahora sabemos, trasladada a su casa. La familia
confirma que el bebé se llamaba Urroz y que tenía 22 meses contra lo que dicen
los tres periódicos locales. El único punto en el que el mosén no es exacto es
en que murió el día 28 y no el 27. La dirección es coincidente, por balconada,
con la real. Las otras cinco víctimas sanaron, lo que no le fue posible a
Begoña, abrasada por unas llamas de las que la arrebató un mozo de estación. El
'Diario Vasco' dio cuenta fotográfica y escrita del entierro. 'Unidad' y 'La
Voz de España', del funeral.
¿Fue ETA? El Ministerio de la Gobernación lo atribuyó a un genérico
«separatistas y comunistas». El falangista donostiarra 'Unidad' sugería que era
consecuencia de una reunión habida en París entre el Partido Comunista de
Francia y de España. Quien conociera al Santiago Carrillo de entonces sabe que
es 'metafisicamente' imposible. Consultada la biblioteca de los benedictinos de
Lazkao podemos añadir, según recoge la 'Oficina Prensa Euzkadi' del Gobierno
vasco en el exilio, que la agencia 'United Press International' lo atribuyó al
Directorio Revolucionario Ibérico de Liberación. Esta era una organización de
existencia confusa por lo que la OPE comenta en su nº 3.189 de 1 de julio de
1960 que es «difícil pronunciarse sobre su autenticidad». La publicación del
PNV 'Euzko Deya' titula al acto de «estupidez criminal».
Lo cierto es que explotaron al mismo tiempo diversas bombas en estaciones
de tren con un solo resultado de muerte que seguramente no se buscaba, pero
quien juega con fuego, y nunca peor dicho, quema aunque no se queme.
No hemos encontrado ni en Lazkao ni en publicaciones que ETA se atribuyera la colocación de bombas en 1960. El esperable resultado de una muerte especialmente repugnante debió conducir a una discreción absoluta. La fuente en que se basó el vicario general Pagola era impecable y a partir de ella he podido obtener informaciones comprobatorias y adicionales. La familia recibió versión oficial de la autoría de ETA y en su entorno vecinal no hay duda de ello. Los detalles son estremecedores y absolutamente previsibles para quien utiliza material incendiario. Una muerte terrible. A la madre de Begoña, que vive, quisiera extenderle toda la ternura desde el 28 de junio de 1960 hasta el final. A sus asesinos, que el remordimiento les devaste. Indigno inicio en el pecado original de ETA.